Cámara
Rolleiflex 2.8F · Mamiya 7 · Leica M6Analógico siempre. Tres cuerpos, seis objetivos, disparador mecánico. Sin pantalla, sin revisar. Una cosa cada vez.
La piel también escribe.
Una cámara, un rollo,
una hora por retrato.
Ningún atajo.
Cinco años documentando a marineras, pastoras y tejedoras mayores de sesenta en pueblos de menos de dos mil habitantes.
Cada serie es un proyecto largo. Cinco son suficientes para entender en qué creo y por qué la cámara no me pesa.
Nada es digital. El negativo es el original, la copia es un objeto, el archivo es responsabilidad.
Analógico siempre. Tres cuerpos, seis objetivos, disparador mecánico. Sin pantalla, sin revisar. Una cosa cada vez.
Cuarto oscuro en casa desde 2007. Revelo cada rollo yo misma en el día. La temperatura del líquido importa más que la marca.
Copias de plata sobre gelatina, baritadas Ilford Multigrade Warmtone. Cada copia firmada y numerada por detrás, edición de diez.
Archivo físico y digital. Cada negativo con ficha, hoja de contactos y notas manuscritas. No se borra nada.
Estudié Periodismo en Navarra y me fui a cubrir Kosovo con veintitrés años. Volví entendiendo que no quería contar guerras. Quería contar a la gente que las sobrevive.
Abrí el estudio en Logroño en 2007. Desde entonces trabajo por encargo y en proyectos personales largos — tres, cinco, siete años a veces. La rapidez no me interesa. El rostro humano no cambia tan deprisa.
Soy profesora invitada en EFTI (Madrid) y doy un taller de retrato analógico al año en el estudio. Dos plazas. Cinco días. Se revela.
Cinco días. Dos plazas. Un rollo tuyo, revelado por ti.
Calle Laurel 18, 2º
26001 Logroño
Miércoles — Viernes
10.30 — 14.30
con cita previa